La Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) ha protagonizado este lunes uno de los debates más destacados de Mondiacult 2025, la Conferencia Mundial sobre Políticas Culturales y Desarrollo Sostenible de la UNESCO, al participar en la sesión «La IA en el foco: diversidad cultural, derecho y creación» (AI in Focus: Cultural Diversity, Law and Creation) que ha tenido lugar en el Barcelona International Convention Center (CCIB).
Creadores, investigadores y representantes de entidades internacionales han alertado sobre el impacto de la IA en la creatividad y los derechos de autor, y han reclamado marcos regulatorios, transparencia y remuneración justa. El programa «La IA en el foco: diversidad cultural, derecho y creación» ha sido organizado por SGAE junto al Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC), la Confederación Internacional de Sociedades de Autores y Compositores (CISAC), la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Northeastern University, el Institute for Foreign Cultural Relations (IFA) y el Observatorio AI y Diversidad.
En su intervención, la vicepresidenta de SGAE por el Colegio del Audiovisual, Inés París, ha defendido el valor humano de la creación y la singularidad de cada obra. «Lo más importante de la creatividad es la emoción y el relato de nuestra relación vital con la experiencia. Vivimos una vida que es única». París ha advertido que «el problema no es la tecnología, sino el contexto histórico y cultural en el que se integra». «Los creadores somos, al mismo tiempo, el eslabón más débil del sistema y también el corazón de la industria. Los artistas representamos con nuestras obras lo que es más humano». París ha cerrado su intervención con una llamada de atención: «En la teoría de la evolución se dice que todo órgano que no se utiliza se atrofia. Pues cuidado con el cerebro».
Otros participantes y sus aportaciones
El director general de CISAC, Gadi Oron, ha calificado la IA como «la tecnología más disruptiva a la que nuestra industria se ha enfrentado, porque no solo transforma la difusión de las obras, sino su propio proceso de creación». «A diferencia de las tecnologías anteriores, la IA cambia la manera en que las obras nacen. Y quiero dejar claro que no estamos en contra de la IA: muchos creadores ya la utilizan, especialmente los más jóvenes. Pero todas estas herramientas —ya sea para música, audiovisual, texto o artes visuales— se basan en creaciones humanas. Sin creatividad humana no tendrían nada que ofrecer, y las empresas que las desarrollan tampoco», ha señalado.
Oron ha recordado que ninguna sociedad de autores ha concedido licencias a compañías de IA, por lo que los creadores no están recibiendo compensación por el uso de sus obras. Un estudio encargado por CISAC estima que, si la IA continúa sin regularse, los autores de música podrían perder un 24% de sus ingresos en 2028 —unos 4.000 millones de euros anuales— y el sector audiovisual, un 21%. «No se trata solo de dinero», ha añadido, «sino de miles de puestos de trabajo que podrían desaparecer».
Ante este escenario, Oron ha reclamado «tres pilares imprescindibles para las políticas públicas: transparencia, para saber qué datos utilizan las IA y cómo; consentimiento, para que los creadores autoricen el uso de sus obras; y remuneración justa», porque «el copyright siempre ha existido para recompensar y sostener la creatividad humana». «Estos principios no pueden quedar atrás solo porque la tecnología haya cambiado».
La miembro del Parlamento Europeo, vicepresidenta de la Comisión de Cultura y Educación y presidenta de la Delegación para las relaciones con Centroamérica, Diana Riba i Giner, encargada de las palabras de bienvenida a la sesión, ha subrayado que para la IA «son necesarias la cooperación y las visiones compartidas porque estas cohesiones no son sólo técnicas, sino también políticas y humanas». En un mundo «cada vez más hostil al multilateralismo e incluso a los derechos humanos, estos espacios para tejer alianzas y sinergias son más vitales que nunca». «Necesitamos conectar sectores, instituciones y realidades geográficas diversas, y no olvidar quién es el corazón de nuestro sector: las personas, los artistas, los músicos, los compositores y todos los creadores», ha afirmado. La directora de Relaciones Creativas de CISAC, Anna Neale, ha moderado la sesión y ha destacado la necesidad de mantener abierto el diálogo entre instituciones, creadores y legisladores.
Por su parte, la directora de CERLALC, Margarita Cuéllar Barona, ha coincidido en la urgencia de un marco regulatorio: «La preocupación principal, y no es ninguna sorpresa, son los derechos de autor, las obras que no generan royalties para sus creadores, los casos de plagio y, sobre todo, la posibilidad de que las ideas sean apropiadas por terceros sin consentimiento. Esta situación genera incertidumbre e incomodidad en todo el sector, y un altísimo porcentaje de profesionales considera prioritario que los gobiernos adopten medidas claras y efectivas». «El temor ante la falta de regulación es hoy un desafío latente y muy real para nuestro sector editorial», ha sintetizado.
El investigador y profesor de la Universidad Politécnica de Valencia y coordinador del Observatorio AI y Diversidad, Javier Iturralde de Bracamonte ha presentado avances de su estudio Mediación Cultural Algorítmica y Generación Z que analiza cómo los algoritmos condicionan lo que vemos, oímos o leemos. «En el ámbito musical, la Generación Z combina descubrimiento y familiaridad, con una alta serendipia —encuentran con frecuencia contenidos que realmente les interesan— y una alta explicabilidad, es decir, entienden por qué se les recomienda un tema u otro. Spotify concentra el 89,5 % del consumo musical de la muestra». En las entrevistas, los jóvenes pidieron «menos publicidad, una diversidad más gradual que evite saltos bruscos de estilos, mejoras en la experiencia de usuario y un puente directo entre lo online y lo offline, como el acceso a conciertos o entradas desde la propia plataforma». En pódcast se observa «un alto uso situacional y una alta agencia, con demandas similares: menos fricción, menos anuncios y un descubrimiento más afinado que ajuste las recomendaciones si las primeras opciones no encajan».
Lili Savage, investigadora y consultora del Civic Tech Lab de la Northeastern University y colaboradora de la UNAM. ha sido la encargada de cerrar el encuentro. Savage ha reclamado la necesidad de «avanzar hacia estándares exigibles que reflejen la complejidad cultural». Ha explicado que en la UNAM trabajan con comunidades indígenas codiseñando herramientas y sistemas de IA para que puedan empoderarse y acceder a mejores oportunidades de empleo. «Este trabajo debe hacerse de manera colaborativa». Savage ha alertado de que los sistemas actuales tienden a desarrollarse «con una mirada global» que refuerza «normas culturales dominantes y, de forma intencional o no, marginaliza lenguas y comunidades no occidentales, reproduciendo fenómenos como el sesgo étnico, el colonialismo digital y la homogeneización cultural, que erosionan la diversidad».
En el informe que ha presentado Savage, Inclusive and secure Artificial Intelligence: A global perspective on policy and technical development, se sitúa la cultura en el centro del desarrollo de la IA mediante un marco proactivo de prevención de daños. Entre las medidas planteadas destacan la «colaboración constante entre humanos y sistemas (human-in-the-loop) para evitar sesgos y daños; mandatos de transparencia que permitan a los usuarios saber qué datos se recogen, por qué y para qué; y mecanismos participativos de retroalimentación que integren la opinión de los usuarios en la mejora continua de las herramientas». El informe incluye, además, una «evaluación de impacto cultural, una auditoría de conciencia de equidad para detectar y mitigar riesgos antes de que se desarrollen, y un desarrollo de IA participativo».




