La sede de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) en Cataluña ha acogido esta mañana un encuentro con los y las finalistas catalanas de la 29.ª edición de los Premios Max de las Artes Escénicas. Organizado por la Fundación SGAE, el acto ha reunido a creadores y creadoras, compañías, intérpretes y productoras en un espacio de celebración, reflexión e intercambio antes de la gala de los galardones, que tendrá lugar el lunes 1 de junio en el Teatro Romano de Mérida.
El encuentro, conducido por Luis Gómez, director de Experiencia de Socios y de SGAE en Cataluña y Baleares, ha puesto de relieve el gran momento creativo de las artes escénicas catalanas. Entre las producciones más nominadas destacan La tercera fuga y Los nuestros, con cinco candidaturas cada una. También sobresale 1936, con tres nominaciones. En danza, Faula y No cuentan con cuatro nominaciones cada una; Carrer 024, tres, y Folk as Queer, dos. En el ámbito musical, Nozing suma dos candidaturas y Opereta Imaginària, una. También tienen una presencia destacada producciones como L’amor venia amb taxi, Little Women y Triplette. (Consulta el listado completo de finalistas)
La primera intervención ha sido la de Carme Portacelli, directora artística del Teatre Nacional de Catalunya, en representación de La tercera fuga y Los nuestros. Portacelli ha reivindicado el teatro «como un espacio per pensarnos colectivamente» y como «una otra existencia ante una Sociedad hiperconectada, pero también fragmentada y desinformada».
La directora también ha reflexionado sobre las dificultades estructurales del sector cultural y ha alertado de la precariedad que vive buena parte de la profesión: «Aquí muchas veces se trabaja con prisas y sin las estructuras que permiten crear con estabilidad. Pero hay mucho talento, mucha perseverancia y muchas ganas de seguir haciendo teatro».
Sobre las dos producciones finalistas, Portacelli ha destacado que La tercera fuga, escrita por Victoria Szpunberg y Albert Pijuan, es «una obra travesada por la memoria, el exilio y las heridas familiares, pero también por una enorme vitalidad», mientras que Los nuestros, de Lucía Carballal, aborda «la familia y las contradicciones contemporáneas desde una gran delicadeza».
Los actores Ton Vieira y Miki Esparbé, finalistas a mejor actor, también han compartido sus procesos interpretativos. Vieira ha explicado que La tercera fuga «obliga a convivir constantemente con emociones extremas» y ha definido el espectáculo como «un gran juego teatral cargado de energía y emoción compartida con el público. Esa ha sido una de las claves, y ver cómo el público se emocionaba y yo también».
Por su parte, sobre Los nuestros, Esparbé ha compartido que «la familia es un lugar de retorno obligado y donde, inevitablemente, acabas confrontando todo aquello que quizá habías dejado atrás. Ha sido un trabajo escénico difícil e intenso, pero al mismo tiempo también muy placentero». Respecto al teatro, el actor lo ha reivindicado como «uno de los últimos espacios de compromiso colectivo real». «Durante dos horas la gente acepta el pacto de desconectar del mundo y hacer un viaje conjunto. Y eso sigue siendo mágico y revolucionario», ha afirmado.
El encuentro también ha contado con la participación de Pol Vinyes, en representación de La Cubana, finalista con L’amor venia amb taxi. Vinyes ha reivindicado «la capacidad del teatro popular para generar comunidad» y ha definido el espectáculo como «un homenaje al teatro amateur catalán y a toda una generación que descubrió el teatro desde la pasión y la fiesta colectiva». «Prácticamente todos los profesionales del teatro han pasado antes por grupos amateurs», ha recordado.
Desde la escena más experimental, Albert Arribas, dramaturgo y director escénico, y Georgina Oliva, directora del área de artes en vivo del Centre de les Arts Lliures de la Fundació Joan Brossa, han presentado Opereta Imaginària, finalista a mejor espectáculo musical o lírico. Arribas ha explicado que «Opereta imaginària es un espectáculo muy difícil de etiquetar». «La clave es entender el teatro como una fiesta pública, donde conviven la música, la escenografía y el drama, pero sin perder nunca el vínculo con el público», ha añadido.
Oliva ha reivindicado la necesidad de seguir impulsando «proyectos singulares, arriesgados y difíciles de etiquetar que forman parte del ADN de la Fundació Joan Brossa». «Son propuestas que amplían el imaginario escénico y que necesitan espacios de investigación y libertad; es fundamental seguir impulsando estas propuestas para que puedan crecer y llegar después a espacios más grandes», ha afirmado.
También se ha contado con la asistencia del compositor y músico Modesto Lai y la compositora, cantante y actriz Alba Rubió, de la compañía Ual·la!, finalistas por Nozing. Lai ha explicado que el espectáculo «nace del reto de crear el máximo posible con el mínimo de recursos», convirtiendo elementos cotidianos en música escénica y poesía visual. «Hacemos lo que llamamos tablemusic: música creada prácticamente de la nada, a partir del juego, del ritmo y de la imaginación», ha señalado.
Rubió ha destacado que detrás de la apariencia lúdica de la propuesta «hay una construcción física y rítmica muy precisa» y ha explicado que la compañía buscaba «un lenguaje poético capaz de coser todas las pequeñas piezas musicales y visuales del espectáculo». En este sentido, ha definido Nozing como «una caja de sorpresas constante», una experiencia escénica que invita al espectador «a dejarse llevar sin saber exactamente qué pasará después».
La danza también ha tenido un papel destacado con Folk as Queer, de la compañía L’Esbord, finalista a mejor espectáculo de danza y mejor reparto de danza. El director y coreógrafo Pere Seda ha explicado que la pieza busca «resignificar la danza tradicional catalana desde una mirada contemporánea y queer» y reconectar «con una idea de comunidad compartida en una sociedad muy fragmentada».
La productora María Rueda ha defendido la capacidad del espectáculo «de unir tradición y contemporaneidad y de llegar a públicos muy diversos y de todas las edades». «La tradición también puede dialogar con lenguajes actuales y nuevas sensibilidades», ha subrayado.
Con la mirada puesta en Mérida, los creadores y creadoras, compañías, intérpretes y productoras han compartido complicidades, preocupaciones y también una idea: la necesidad de seguir defendiendo el teatro como un espacio de comunidad, riesgo e imaginación colectiva.




