Caídos del Cielo, Max Social 2022

Artes escénicas

Caídos del Cielo, Max Social 2022
La impulsora de la ONG Caídos del Cielo, Paloma Pedrero

19 de abril de 2022

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La ONG de teatro para personas en riesgo de exclusión fundada por Paloma Pedrero en 2008 ha sido escogida por sus compañeros de profesión.

‘Las y los Caídos del Cielo siempre vienen a dar’, explica Pedrero sobre la agrupación

El comité organizador de los XXV Premios Max Menorca ha concedido el Premio Max de carácter social 2022 a la ONG fundada en  2009 por la dramaturga Paloma Pedrero: Caídos del Cielo. Apoyada por el reconocimiento de muchos compañeros de profesión que han valorado este proyecto, Pedrero reconoce que tras tantos años de trabajo se agradece el premio a su labor.

La directora recibirá el Max de carácter social el próximo seis de junio en el Teatre Princial de Maó, durante la ceremonia de entrega de los XXV Premios Max – Menorca que organiza la Fundación SGAE con la colaboración del Govern de Illes Balears, el Consell Insular de Menorca, el Ayuntamiento de Maó, la Fundació Fomente de Turisme Menorca, el Ministerio de Cultura y Deporte, a través del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y la Música (INAEM), el Grupo Eulen y Ernest & Young.  La ceremonia será retransmitida a partir de las 20 horas por La 2 de RTVE, a través del Canal Internacional y de RTVE Play.

Paloma Pedrero (Madrid, 1957) estrena su primera obra, La llamada de Lauren, en 1985 y en el año 1998 la directora y autora teatral comienza a realizar talleres de teatro con personas sin hogar. El trabajo que durante años realizó culminó en 2008 con un ambicioso proyecto teatral: la escritura de una dramaturgia sobre ellos interpretada por ellos mismos, unidos a un selecto grupo de profesionales de las Artes Escénicas. La puesta en escena de Caídos del Cielo se estrenó dentro del Festival de Otoño en el Teatro Fernán Gómez de Madrid. Esta obra se convirtió en un gran éxito, tanto ético como artístico, además de contar con una amplia repercusión mediática.

“Caídos del Cielo supuso un éxito. La gente se quedó impresionada de todo el esfuerzo realizado, de su autenticidad. Estuvimos un año y medio ensayando y el resultado fue conmovedor. Para mí fue transformador y hoy puedo decir que se ha convertido en el sentido de mi vida”, detalla Pedrero.

A partir de esta experiencia, en 2009 se crea la asociación cultural Caídos del Cielo, con el convencimiento de que el teatro es capaz de transformar a las personas, puede mejorar sus vidas y ser motor de cambio para combatir la exclusión. Confiesa que para ella “las artes son la mejor herramienta para cambiar el mundo” y, en este sentido, el carácter colectivo del teatro lo convierte “en el arte más social de todos: El teatro es un acto de humildad y de compañerismo. En él hay un grupo de personas que humildemente deben remar en la misma dirección para culminar, y se produce una toma de conciencia de que no estamos solos. Además, las personas excluidas se dan cuenta de todo lo que pueden hacer y que a dónde llegarán dependerá siempre de otros”, explica.

“En Caídos del cielo venimos a dar”

Caídos del Cielo empezó especializándose en personas que no tienen vivienda, y progresivamente se fue abriendo a personas en otras situaciones: personas en soledad no deseada, refugiados, inmigrantes, víctimas de violencia machista, personas LGTBIQA+, mayores, personas con problemas de salud mental, personas con diversidad funcional, son las actrices y actores que trabajan en Caídos del Cielo.

“Actuamos con personas que han perdido en algún momento esa fortaleza consigo mismos y que necesitan volver a empezar. No solo hacemos un teatro que moviliza conciencias, sino donde ellos son los protagonistas. En Caídos del Cielo lo primero que les preguntamos es ¿tú qué vienes a dar? Y empiezan a descubrir todo lo que tienen”, declara Pedrero.

Los montajes de Caídos del cielo siempre serán auténticos y de verdad

Caídos del Cielo ha estrenado siete montajes que parten también de experiencias vitales de la autora y de las voces de su elenco: Transformación (sobre las personas trans y la construcción de su identidad), Una guarida sin luz (interpretada por inmigrantes y refugiados) y Magia café (que aproxima el universo vital de las personas sin techo). Todos ellos han sido estrenados en prestigiosos teatros (al Fernán Gómez se suman el Centro Cultural Conde Duque, La Cuarta Pared, el Centro Dramático Nacional y varias giras).

Todo ello fruto de un gran trabajo colectivo y pedagógico que realiza Paloma Pedrero con sus compañeros de la ONG: “Cuando llegamos al montaje, los intérpretes de Caídos del Cielo ya llevan dos años formándose en talleres. Además de todo lo que trabaja un actor (la voz, la improvisación, etc), trabajamos sus propias experiencias para darles la voz y, sobre todo, les damos cariño”, explica Pedrero, quien no deja de sorprenderse con la gran profesionalidad  y el compromiso de los “caídos”: “Jamás faltan a un ensayo porque son conscientes de lo importantes que son para los demás”, incide. “Son imprescindibles, algo que hacía mucho tiempo que no sentían en el resto de la sociedad”, lamenta.

“Lo que jamás pierden es su verdad, la autenticidad. La experiencia la llevan en el rostro, en la piel, en las manos y sobre todo en el alma. Nunca habrá un montaje de Caídos del Cielo que sea superfluo”, expresa. Esto convierte a Caídos del Cielo en un centro de pedagogía afectiva y social a través de las Artes Escénicas: “donde hay amor, hay camino. Eso es Caídos del cielo, un sitio que parte de esa vocación de querer a los desamparados. Caídos del cielo es el milagro del amor a través del teatro”, destaca.

Una labor asistencial que le vuelve a dar esa alegría, la de que el teatro cambie la vida de nuestros prójimos, y que Pedrero aprovecha para denunciar la falta de asistencia social a través del arte desde las instituciones: “Luchamos por ideales en condiciones precarias, contra la realidad. Es cierto que la gente es más solidaria, pero las instituciones se resisten más a este tipo de trabajos. Las instituciones apoyan a las personas excluidas con ayudas económicas o a través de trabajos que no son aptos para ellos, pero pocas veces intentan ayudarles acercándoles el arte”, expresa.

Reconocimientos

Un compromiso adoptado, no solo por su fundadora, sino también por los propios actores que les ha permitido conquistar numerosos reconocimientos como el Premio Talia y Dionisos de la UNESCO, el SAMUR SOCIAL de la Comunidad de Madrid, Art for Change de la Obra Social La Caixa o dos nominaciones al Valle-Inclán de Teatro. Sin embargo, pese a los números, lo más importante para Caídos del Cielo es levantar a estas personas en especial vulnerabilidad: “Cuando alguien tiene algo admirable, debemos aplaudir y ellos lo necesitan más que las personas que están en un buen momento. A veces, necesitan más un aplauso que comer”, concluye su fundadora, Paloma Pedrero.

Dos  premios especiales

Los galardones de Artes Escénicas más prestigiosos del ámbito nacional celebran 25 años manteniendo 20 categorías a concurso y dos premios especiales: el Premio Max de honor, que distingue la trayectoria de una persona por su aportación, entrega y defensa de las Artes Escénicas, y el Premio Max de carácter social, que engloba proyectos a favor de la integración y la proyección social y a compañías con una sobresaliente contribución a las Artes Escénicas. En los últimos años, los Premios Max de las Artes Escénicas se han consolidado como los referentes del sector, alcanzando cada vez un mayor número de seguidores y despertando el interés de compañías de todo tipo y de todo el territorio nacional.

Veinticinco años de Premios Max      

Organizados por la Fundación SGAE desde 1998, los Premios Max celebran este año su veinticinco aniversario. El galardón que fue diseñado por el poeta y artista plástico Joan Brossa (Barcelona-1919/1999), impulsor de uno de los colectivos renovadores del arte español de posguerra, se han consolidado a lo largo de estos años como el reconocimiento más amplio en el ámbito de las artes escénicas en el estado español.

A lo largo de sus 25 años de historia, los Premios Max no solo han contribuido a impulsar la nueva dramaturgia, permitiendo una escena fructífera y sólida que es capaz de renovarse y reverdecer constantemente. También han puesto en valor la tradición de nuestras Artes Escénicas con el Max de honor, galardón que han recibido entre otros Antonio Buero Vallejo, Ana Diosdado, Paco Nieva, Lola Herrera, Nacho Duato, Rosa María Sardà, Víctor Ullate o Adolfo Marsillach, y han sabido reconocer a todas las instituciones y promotoras que han hecho del escenario su apuesta, desde el Teatro de la Zarzuela a Escenamateur, pasando por la Bienal de Flamenco de Sevilla, el Centro Dramático Nacional o el Teatro de la Abadía.

Con un espíritu itinerante que conecta con las raíces del teatro mismo, la gala ha recalado hasta ahora en doce ciudades de nuestra geografía y en veinte teatros diferentes al mismo tiempo que ha puesto sus ojos en la proyección internacional de nuestras Artes Escénicas y en los grandes del teatro iberoamericano con un premio especial entregado hasta 2013 y que han recibido Héctor Alterio, Les Luthiers o Daniel Veronese.

La misma heterogenia la encontramos en la nómina de directores y directoras que han puesto su imaginación al servicio de esta gran fiesta. Con más de 400 espectáculos premiados, su recorrido es también el relato reciente de nuestras Artes Escénicas, que pasa inexorablemente por autores, autoras y demás profesionales (encima o detrás de las tablas) de todo rango, condición, motivaciones, sensibilidades, enfoques: Sanchis Sinisterra, Alfredo Sanzol, Andrés Lima, Vicky Peña, Sol Picó, Israel Galván, Eva Yerbabuena, Juan Mayorga, Elisa Sanz, Curt Allen Wilmer, Josep Maria Flotats, Blanca Portillo, Juanjo Llorens, Carlos Hipólito, María Hervás, Jordi Casanovas, Laila Ripoll, Nao Albet y Marcel Borràs…

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