30 años sin Gato Pérez

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30 años sin Gato Pérez

18 de octubre de 2020

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Hace tres décadas que la rumba catalana y la salsa echan de menos a Gato Pérez, socio de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) con más de 130 obras musicales adscritas. El letrista, compositor y cantante, de nombre real Javier Patricio Pérez Álvarez y fallecido un 18 de octubre de 1990, fue un músico de vital importancia para el desarrollo y la evolución de la música con sonido genuinamente barcelonés. Decía el periodista Miquel Jurado: «Pocos como él se han mantenido siempre en un discreto e inmerecido segundo plano».

De padre catalán, Gato Pérez nació en Buenos Aires (Argentina) en 1950. Allí pasó su infancia, y se trasladó a Barcelona a los 15 años para disfrutar la adolescencia y posterior madurez. A principios de los 70 se inició en el mundo musical, justo en el momento del rock progresivo y la música layetana, de los que fue un puntal con su grupo Secta Sónica.

Cuando el rock layetano se empezó a diluir, Gato se acercó a la rumba catalana y le dio un toque más urbano, de forma que la esencia gitana de la rumba del barrio barcelonés de Gràcia se mezcló con su pasado rockero. Además, las letras de sus canciones eran más críticas y hablaban de la discriminación de algunos sectores de la sociedad, ya que para él la música era una forma de amplificar lo que pasaba en la calle. Su obra y su pensamiento confluyeron y el Gato se convirtió en el nuevo valedor de la rumba catalana, redescubriendo el ventilador rumbero de los gitanos barceloneses y acercándose a las figuras del Pescaílla y Peret, de quien recuperó a sus palmeros con el nombre de Chipén. También organizó Las Estrellas de Gracia, la banda que mejor ha mezclado la salsa antillana con la rumba catalana.

En el año 2017, la Fundación SGAE colaboró con la familia de Gato Pérez y la formación La Troba Kung-Fú para hacer posible la web www.gatoperez.cat. El objetivo de este sitio es hacer visible y poner al alcance de todo el mundo la obra de este artista fundamental, que aportó innovación en la fusión de géneros y que, a pesar de su desaparición, continúa siendo una gran influencia para nuevas generaciones.

Gato Pérez falleció en un mundo todavía analógico, con poca información y pocos trabajos accesibles en los actuales soportes de consumo cultural. Por ese motivo, Jèssica Pérez, su hija, concentró sus esfuerzos en digitalizar seis álbumes que estaban prácticamente desaparecidos, descatalogados y olvidados. El rescate de ese legado supuso el posicionamiento de los materiales recuperados en el mundo de las redes: es una nueva oportunidad para asomarnos, una vez más, al universo de ese gran artista en todas sus facetas.

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