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¿Qué es un contrato editorial?


A través del contrato de edición musical, el autor de la obra, o sus derechohabientes, ceden al editor, que ejerce legalmente su actividad, el derecho de reproducir su obra, de distribuirla y de comunicarla públicamente, siendo una práctica habitual del mercado que el editor musical también sea cesionario del derecho de transformación. Queda reservado a autor su derecho moral, el cual será respetado por el editor, quien se obliga a exigir a los terceros con los que contrate, la salvaguardia de tal derecho.

 

Como contraprestación a los derechos cedidos, el creador percibirá un porcentaje de los ingresos generados por la explotación de su obra.

 

Las obligaciones del editor son observar la diligencia necesaria en el cumplimiento de las formalidades requeridas por las leyes para la protección efectiva de las obras, satisfacer a su costa los gastos de toda índole que se deriven de las actividades encaminadas a la propaganda y promoción de las obras mediante su divulgación en forma gráfica y realizar cuanto sea necesario para asegurar una explotación permanente y continua de las obras, de acuerdo a los usos de la profesión.

 

En la Ley de Propiedad Intelectual no se establece un plazo máximo de duración del contrato de edición musical (plazo que sí se establece para los contratos de edición en forma de libro), siendo la práctica habitual del mercado que autor ceda al editor todos los derechos de explotación que recaen sobre sus obras para su ejercicio en exclusiva en todos los países del mundo, sin limitaciones ni restricción alguna y por el plazo máximo de protección que la ley, aplicable en cada país, conceda a los autores, sus sucesores y derechohabientes. Pudiéndose establecer libremente entre las partes el ámbito geográfico y plazos distintos e inferiores.

 

Según el art º132 del Reglamento de SGAE deberá incluirse en los contratos de edición la cláusula SGAE sobre participación máxima del editor en los rendimientos de la obra y según la cual la parte editorial no podrá exceder del 50 por ciento de cualquier clase de derechos de autor, administrados por la misma, salvo en el caso de las obras de música sinfónica, en las que dicho tope –y solo para los derechos de comunicación pública– se establece en el 33,33 por ciento. Esta norma se establece con la finalidad de garantizar que el creador obtenga siempre una participación equitativa en los frutos de su obra.

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