La SGAE recuerda a Jero en el 25º aniversario de su fallecimiento 22/oct/2020
Escribió y cantó, con Los Chichos, algunas de las canciones más populares de la España de los 70 y los 80, como ‘Quiero ser libre’, ‘Mami’ o ‘La historia de Juan Castillo’

Este jueves, 22 de octubre, se cumplen veinticinco años desde el fallecimiento del vallisoletano Juan Antonio Jiménez Muñoz “Jero” (1951-1995), integrante y compositor principal del legendario grupo Los Chichos. La Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) desea rendir tributo y reivindicar la obra de este creador irrepetible e influyente, socio de esta entidad desde marzo de 1973, con el número 26.165, y que llegó a registrar más de 125 títulos a lo largo de su carrera; entre otros, clásicos populares de la talla de Libertad, Amor y ruleta, De la salud y la libertad o Amor de compra y venta.

El cancionero de Jero sigue vivo y ha influido desde hace ya varias décadas a innumerables artistas y grupos de los más dispares géneros. Muestra muy palpable son los hermanos David y José Manuel Muñoz. El primer álbum de su grupo, Estopa, se publicó en 1999 y despachó más de un millón de copias. Entre otros éxitos, como La raja de tu falda y Como Camarón, el disco incluía una pieza dedicada a Jero, El del medio de Los Chichos, que pronto fue coreada a rabiar en todos sus conciertos en España y Latinoamérica, y que, además de airear sus propias referencias a modo de homenaje (“El del medio de Los Chichos / me ha pedido dos favores / que sea su mensajero / y una canción de colores”, cantaban), contribuyó muy decisivamente a que una o varias generaciones revivieran o, por aquello de la edad, descubrieran el increíble legado del trío madrileño que mejor definió y difundió la denominada rumba vallecana, género derivado de la rumba flamenca y que, especialmente desde mediados de los 70 y durante toda la década de los 80, supo retratar la España marginal, la de los barrios periféricos asediados por las drogas, el paro, la delincuencia… La música de una España que pivotaba fuera del radar de las grandes emisoras de radio y de las listas oficiales de ventas. Y muy alejada también de los sonidos de moda del momento. Y es que el de Los Chichos, como tantas veces se ha contado, fue un éxito que llegó por las gasolineras (donde vendieron millones de copias de sus casetes), las prisiones (tocaron para los reclusos en una veintena de cárceles y pidieron a su discográfica que distribuyera radiocasetes en los penales para que los presos pudieran escuchar sus canciones) y, por supuesto, los barrios más desfavorecidos, a cuyos habitantes tanto y tan bien cantaron.

Música de leyenda

Procedentes de Ciudad Real, Emilio y Julio González Gabarre se instalaron de niños con su familia en El Pozo del Tío Raimundo, en el madrileño barrio de Vallecas. Entusiasta vocalista desde muy joven, Emilio decidió presentarse en formato de dúo, junto a su hermano Julio, por sugerencia de su mánager, Eduardo Guervos. Habían nacido, así, Los Chichos, que pronto se convertirían en trío tras la incorporación de Jero, vallisoletano que había emigrado también de pequeño a Madrid y con el que compartían amistad y correrías. Había entrado inicialmente como percusionista, pero, en cuanto descubrieron su talento vocal y compositivo, pasó a ocupar un primer plano, justo en medio de los fundadores del grupo.

De la mano del guitarrista Antonio Sánchez, padre del célebre Paco de Lucía, el grupo publicó en 1973 su primer sencillo, Quiero ser libre. El disco se agotó en pocas semanas. Fue una sorpresa para todos, incluida su propia compañía discográfica, que inmediatamente les urgió a registrar un nuevo título; esta vez, el celebérrimo Ni más, ni menos. La pieza daría título también a su álbum de debut, que vio la luz sólo unos meses después, en abril de 1974, con una docena de canciones que figuran, sin duda alguna, entre lo más granado de su repertorio: Te vas, me dejas, Son ilusiones, Esto sí que tiene guasa o las dos con las que el grupo inició su carrera discográfica. Todas ellas llevaban la firma de Juan Antonio Jiménez.

A partir de ahí, convertidos ya en todo un fenómeno popular, pese a que sus composiciones difícilmente encontraban el apoyo de los medios y la crítica, Los Chichos fueron encadenando éxitos, a razón de un álbum por año hasta finales de la década de los 80: Esto sí que tiene guasa (1975), No sé por qué (1976), Son ilusiones (1977), Hoy igual que ayer (1978) y así hasta 1989, con Esto es lo que hay. Llegados a este punto, el trío cerró su etapa más gloriosa. Por el camino, Los Chichos habían llegado a vivir también la fama internacional, el triunfo en la gran pantalla (suya fue la banda sonora de Yo, El Vaquilla, en la que el cineasta José Antonio de la Loma recreó las andanzas de Juan José Moreno Cuenca, El Vaquilla) y el fragor de giras interminables.

En 1989, Jero salió de la banda y decidió emprender carrera en solitario, a partir de entonces bajo el apelativo de Jeros. Sus discos Tembló pero no calló (1990) y Agua y veneno (1992), en los que contó con la colaboración de su hijo Julio Jiménez, más conocido en el ambiente artístico como Chaboli, no llegaron a despegar como se esperaba, pese a su innegable calidad artística, y su eco acabó desvaneciéndose. El 22 de octubre de 1995, con sólo 44 años de edad, Juan Antonio Jiménez Muñoz falleció en Madrid. Para entonces, sus antiguos compañeros en Los Chichos, Emilio y Julio González, habían conseguido encauzar su trayecto vital y artístico, con el hijo del primero cubriendo la plaza de Jero, y paseando su inmortal cancionero hasta por los escenarios más insospechados: en 2016, se presentaron en el festival Primavera Sound, compartiendo cartel con Brian Wilson o PJ Harvey, entre otras luminarias del universo pop. Tres años después, lo hicieron en el madrileño Mad Cool. Su música, su historia, su leyenda siguen vivas.